Salí a fuera, cuando todavía la llovizna caía sobre el asfalto, y cada una de sus gotas rozaban cada uno de mis poros.
El húmedo y espeso viento filtraba mi cabello, musitando al oído secretos de viajeros solitarios.
El camino se encontraba iluminado por pétalos, de radiantes colores, con ese rocío, donde la verdad de la luna, apalancada por las nubes, destellaba finas líneas, de filosos cristales.
Donde esos pétalos emanaban un aroma especial, tan peculiar de aquella primavera, en la cual el tiempo no existía, y los cuerpos se envolvían.
Mini.
(miliano.)
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