Es lindo tropezar y caer. Siempre vemos todo desde arriba, rara vez miramos el suelo y, cuando lo hacemos, no observamos su belleza. Cuando llegamos al límite nos dejamos llevar por la gravedad, nos estampamos en el suelo y nos quedamos un tiempito ahi, observando. Observando esos pequeños detalles que desde arriba no podemos ver, por eso nos cuesta salir de ese estado de trance. Es cómodo, tranquilo... Pero en algún momento hay que levantarse porque desde ese lugar, los pequeños arbustitos, que están a pocos metros, tapan el horizonte. Desde ese lugar no puede ver el amanecer. No podemos dejar que la comodidad lo impida. Hay que levantarse y ver como amanece, admirar la belleza de los matices que nos ofrece el cielo. La vida es un amanecer lleno de colores difuminados. Sus colores son los que tiñen mi amanecer, me llevan a estar de pie.

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