Sé que no fue larga mi estadía hasta el día de hoy en el planeta Tierra, pero desde hace ya algunos años que estoy acá. Y durante todos esos años, me invadió una gran ceguera. Nunca quise ver mi realidad. Siempre volando, flotando desde lo más alto de las nubes, soñando lo imposible de soñar, imaginando lo más difícil de concretar, focalizando mi vida en el pasado sin querer sentir el presente ni mucho menos el futuro. Realmente estaba perdida. Y no por culpas ajenas, yo estaba perdida por culpa de mí misma. Yo quise perderme. Pero cuando me agarraron ganas de volver, ya era tarde, ya tenía casi todo el cuerpo sumergido ahí adentro. Y sentí que me iba a quedar ahí, postrada, para siempre.
En este mismo instante me enorgullece gritar con la fuerza de mis entrañas, que no fue así. Que yo salí de esa ceguera. Y esta vez no fue por mí misma, fue por un grupo de personas que me ayudó con sus brazos a treparme y a volver a pisar el suelo. Y lo más lindo de todo, es que este suelo me entibia y me abraza mucho más, que las nubes de allá arriba. Este suelo me hace reir más que cualquier pájaro acompañando mi vuelo. Este suelo me hace enamorarme cada día más de la vida, aún siendo consciente de que ésta es una porquería. Pero ustedes, ustedes hacen que todo tenga sentido. Ustedes me generan libertad, ganas de saltar, de vivir, de gritar, de abrazar, de cantar, de bailar, de reir!
Es por eso que puedo asegurar con todas las certezas del mundo, que esto es mucho mejor que volar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario